Dejamos de culpar al sensor
Fernando Silva Sanchez, a cargo de un puesto de control en Santa Fe, cuenta que durante meses atribuyeron los rechazos a los lectores de huella. Al seguir el esquema de minucias y umbrales entendieron que el problema era la presión desigual al apoyar el dedo. Reentrenaron al personal con una guía de dos pasos y los falsos rechazos bajaron sin cambiar ningún equipo.
Control de acceso · Santa Fe